Empresas y Organizaciones ZEN (IV)

Elementos de las empresas y organizaciones ZEN.

Decir qué elementos debe tener las “Empresas y Organizaciones Zen” resulta algo bastante aventurero. Al reflexionar al respecto, no se puede dejar de pensar en las implicancias de tratar de definir algo que, técnicamente, no existe como tal. Y quizás nunca lo haga, esto puede ser totalmente factible. Dicho esto, la intención de estas publicaciones han sido proponer una quimera (RAE: aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo), algo que pueda afectar, de buena manera, a las personas que las lean.

¿Cuánto tiempo puede sobrevivir un modelo que nos empuja a ver a las personas como recursos, a crear diferencias dramáticas entre nosotros, a despreocuparnos totalmente del medio ambiente, es decir, a funcionar a partir del ego? El sustento de un modelo depende de las personas y de nadie más, si no somos capaces de reconocer los dolorosos efectos, tan radicales e injustos, del actual modelo generado a partir del ego, entonces no podremos impulsar cambios. Reconozcamos ahora, entre una enormidad de negativos efectos, que  hay personas, en su mayoría niños, en nuestros días, en la llamada modernidad, que se mueren literalmente de hambre. Hay seres humanos que no tienen las necesidades básicas cubiertas mientras otros gastan millones de dólares en la oda al ego.  Que el impacto negativo en el medio ambiente, en algunos casos, ya se considera irreversible. Enumerar los efectos que ha tenido el ganar/ganar en nuestra sociedad y planeta, seria material para muchas publicaciones, de eso no hay duda.

No quiero parecer moralista, no tengo ningún sustento para serlo, pero el sentido común dice que algo no cuaja, que algo debemos hacer. Lo principios que sustenta la sociedad en la cual vivimos,  no deben ser más ocupados, en algún momento deben cambiar, ¡podemos cambiarlos! Y es por ello que, la filosofía Zen y todo aquello que busque el bien común, pueden hacer la diferencia, partiendo de la base que somos las personas quienes impulsan los cambios. Si seguimos situados en las antiguas creencias y paradigmas, que debemos ganar/ganar, hacer en relación al ego, entonces dudo que podamos hacer algo. Si somos capaces de sumergirnos en nuestro interior y reconocer todo lo virtuoso que hay en él,  no cabe duda, que la fuerza para impulsar los cambios estará disponible para todos y que se movilizará como un verdadero efecto dominó. Y es por ello, que los movimientos que se han ido generando: sistema B, empresas autogestionadas, emprendimiento social y responsabilidad empresarial social, permiten albergar grandes esperanzas.

Ahora bien, lo bueno de teorizar en base a la información que está disponible en libros y publicaciones, más la generada por las instituciones que han empezado, algunas desde un largo tiempo atrás, a funcionar de manera distinta y de aquella que emerge del cuestionamiento personal sobre lo observado en las instituciones donde trabajé, es que se puede crear una hipótesis utilizando elementos concretos y recurrentes de las organizaciones y empresas que, de alguna manera u otra, se han movido del ganar/ganar a una mirada mucho más humana en su quehacer.

Es así como, en un intento de caracterizar la esencia de lo que pudiera ser una “Empresa y Organización Zen”, es que más abajo se incluye una imagen donde se manifiesta lo reflexionado. Antes decir, que es necesario comprender que todo parte en nosotros, sea una o un grupo de personas, debemos mirar en nuestro interior para impulsar algún tipo de cambio. En lo personal ha sido el Budismo, en particular el Zen, lo que ha permitido descubrir una fuerza interior que día a día es más sorprendente. Cada quien puede elegir su tradición o escuela,  lo importante es partir y hacerlo ahora. Nunca olvidaré las palabras de mi maestro: “Y cuándo, si no es ahora, vas a comenzar”.

Volviendo a la esencia de las “Empresas y Organizaciones Zen”, lo que pudieran ser elementos que las caracterizaran, serían los siguientes:

esencia OE ZEN

En la imagen se proponen tres elementos principales que forman la esencia de las “Empresas y Organizaciones Zen”, de ahí se derivan impulsores, que vendrían siendo elementos particulares que permiten manifestarla concretamente, todo esto considerado una estructura en extremo flexible y en constante evolución (de ahí los cirulos). A continuación se desarrolla cada uno de los elementos expuestos en la imagen:

Buda, Dios, Amor Universal, Naturaleza: el nombre que le pongamos a aquello de lo cual provenimos o nos manifestamos, resulta algo muy personal, lo relevante es lo que significa para nuestra manera de ser en la vida. Necesario es reconocer eso sí, que existen movimientos que invocando nuestras profundas creencias, provocan dolor y sufrimiento a otros, lo cual se aleja totalmente de lo que la gran mayoría ve en su interior. Dicho esto, lo importante es reconocer en nosotros y en otros lo divino de la existencia humana, porque es justamente lo que somos, y el reconocerlo es el principio para Ser de una manera integral en este mundo, con todo lo que ello implica, algo que está muy alejado del satisfacer las particulares del ego. Por ejemplo, el manifiesto de la creación del colegio San Pedro Poveda (institución estudiada), reconoce explícitamente que cada individuo es una manifestación de Dios y como tal, el colegio se responsabiliza por crear las condiciones donde el potencial del Alumno, que es casi infinito, por provenir de Dios, pueda ser explorado y utilizado por él. Aspectos económicos pasan a segundo plano, sin dejar de lado la importancia de una administración alineada con el manifiesto y que permita la subsistencia del colegio.

Nuestras creencias más profunda, normalmente, impulsan el reconocimiento de nuestro Ser, lo cual, a su vez, nos permite reconocer elementos como la vacuidad (somos parte de un entrelazado universal), amor, ética y fe. Si una organización usara estos elementos para definir su esencia, pues resulta evidente lo que ello pudiera significar, el resultado del Colegio y otras organizaciones así lo demuestran (ver el libro “Reinventar las organizaciones”, http://www.sistemab.org, por nombrar algunas fuentes).

Lo antes dicho no significa crear instituciones religiosas o con una mirada netamente espiritual, más bien, quiere decir que si cada uno de nosotros reconociera lo que hay en nuestro interior y de lo cual somos parte, y eso lo pusiéramos al servicio de la organizaciones, no cabe duda de que la compasión budista, el amor católico o el amor universal, serian elementos activos de las empresas u organizaciones. Lo cual, dicho sea de paso, permitiría a quienes forman la institución, estar plenamente en ella.

Consciencia: la consciencia nos impulsa a reconocer. En primer término, nos permite reconocer nuestra profunda naturaleza, el punto previamente desarrollado. Y luego, nos permite reconocer  la manera en como la profunda naturaleza se manifiesta en nosotros. En términos personales, la consciencia nos entrega la capacidad para que vayamos comprendiendo como Buda o Dios, forman aspectos concretos de nuestra personalidad, que podríamos definir como valores o principios. En el caso de las “Empresas y Organizaciones Zen”, los principios serán los que converjan de las personas que las forman. Será un trabajo mancomunado y en ningún caso, individual.

En las “Empresas y Organizaciones Zen”, se espera que sea fundamental generar la consciencia de la identidad, es decir, los rasgos internos de la institución. Al considerar los aspectos del Ser (profunda naturaleza), entonces los elementos particulares estarán centrados en crear las condiciones para que las personas que trabajen en la institución lo hagan desde la integridad (espíritu, emociones, intelecto, etc.), creando un espacio de crecimiento y donde el potencial de todos pueda ser puesto al servicio de quienes la conforman, así como de aquellos que se benefician de la misma. De esto último, se deriva el reconocer los aspectos de la inclusión, donde se define el grupo de personas a las cuales la institución se pondrá al servicio, con todo lo que ello implica.

Finalmente, como todos dependemos del medio ambiente y cada acto que hagamos lo afecta, directa o indirectamente, necesario será reconocer que elementos de la institución pudieran tener algún efecto en el medio ambiente.

Ahora bien, la idea no es hacer un documento con los elementos de identidad, inclusión y medio ambiente, porque esto de cierta manera ya se hace (planificación estratégica), más bien la meta será generar una “consciencia plena organizacional”, lo más próximo a lo que ocurre en cada uno de nosotros cuando trabajamos  en nuestra profunda naturaleza, donde al situarnos en el “aquí y en el ahora”, siendo consciente de nosotros y de todo quienes nos rodea, nos permite actuar de una manera más proactiva, útil, generosa y positiva, centrado en el bien común más que en nuestra particulares necesidades o ego, lo mismo debiera ocurrir en una “Empresa y Organización Zen”, los resultados económicos serán el resultado de ponerse al servicio de otros y no, que el resultado económico sean el objetivo final en desmedro de la identidad,  la inclusión y medio ambiente.

Inteligencia: para poner en marcha lo concientizado en la punto anterior, que se deriva del reconocer el “Ser” de las “Empresa y Organización Zen”, tendremos que hacer uso de la inteligencia. Una de nuestras más potentes herramientas, y que hasta ahora, da la impresión, que la hemos utilizado bastantemente desalineada con nuestra profunda naturaleza. Es quizás esta reflexión, lo que justamente, ha impulsado los movimientos que cambian los paradigmas de lo que significa una empresa u organización, proponiendo nuevas maneras de hacer las cosas: sistema b, autogestión, etc. Por tanto, la inteligencia, como decía mi maestro Zen,  es fundamental para materializar concretamente lo que hemos concientizado. Es decir, nos impulsa a “Hacer”, y como hemos hecho un trabajo en nosotros mismo en relación a materializar nuestra profunda naturaleza, entonces la inteligencia de una “Empresa y Organización Zen”, que es la convergencia de las profundas naturalezas de las personas que las conforman, podrá ser manifestada a través de, tal vez: la sabiduría, inquirir, veraz, innovación, estado de ánimo (que se espera sea armonizo), entre otros muchos más elementos que la institución determine en su conjunto. También, la inteligencia será la responsable de establecer cómo la empresa llevará a cabo su labor: estrategia y planificación, es aquí donde los modelos asociados al sistema b, autogestión, entre otros, pueden ser de gran ayuda.

Nuevamente, no se trata de definir palabras por palabras, sino más bien de vivenciar en cada actividad y de manera inteligente, la esencia de la institución. Esto hace pensar en la necesidad de ser consecuentes, no son pocas las veces en que, en las empresas donde me desempeñe como consultor, la falta de consecuencia era más que evidente, lo cual repercutía negativamente en el ánimo de los colaboradores de todos los niveles, en la percepción de los  clientes y en, en algunos casos, el medio ambiente. Sin ir más lejos, recuerdo las vez en que una empresa de servicios, con un declarado enfoque económico, manifestó que los trabajadores eran su principal activo, luego de que se generará una crisis que afectó a todo la industria, una de las primeras cosas que hizo la empresa fue desvincular a una gran cantidad de trabajadores… que habría pasado si la esencia de la empresa no hubiese estado definida netamente por aspecto económicos, donde la protección de su declarado “principal activo”, hubiese sido realmente su real preocupación, lo más probable es que no se tendría que haber llegado a la desvinculación del 30% de la plantilla, tal vez, al hacer conscientes de las problemáticas a todos los colaboradores, se pudiera haber encontrado una solución más armónica. Son estas cuestiones las que hacen pensar que las cosas se pueden hacer de otra manera, nuevamente, no es teoría, en el libro “Reinventar las organizaciones” se dan claros ejemplos de cómo se puede enfrentar la situación antes planteada.

Algunas observaciones de lo desarrollado hasta ahora.

En cada uno de los puntos identificados como “impulsores”, aparecen unos puntos al final del listado. Decir que esto es porque cada institución podrá indicar las propias, es más, todos los elementos incluidos, son totalmente flexibles, podrá ser eliminados, cambiados o, simplemente, no considerados. La idea no es imponer, más bien proponer, lo cual implica, que si alguien le hace sentido todo lo dicho hasta aquí, siéntase en la libertad de utilizarlo y/o aportar. En lo personal, estoy totalmente dispuesto a conversar, intercambiar idea y, por qué no, manifestar en alguna institución la esencia propuesta.

También es muy necesario decir, que bajo ningún punto de vista, la esencia aquí desarrollada, es algo así como una metodología o planificación estratégica.  Más bien, es una propuesta para canalizar las energías de las personas para la generación de “instituciones humanas”, sí de ahí la organización en su conjunto, de manera orgánica, quiera hacer una planificación estratégica tal cual se conocen, pues bien, que así sea.

Para terminar, cuando uno va descubriendo y manifestando la profunda naturaleza, hay ciertas cosas que cambian naturalmente, serán en extremo personal, pero algo hace suponer que son cambios bastantes generalizados. El bien común se trasforma en una forma de vida, el cuestionar las necesidad excesivas de bienes materiales es algo espontaneo, el querer impulsar transformaciones sociales, que en el caso personal se enfoca en las personas, empresas y organizaciones, se vuelve algo de sumo interés y necesario, y el arrebatar el poder al ego se transforma en un estilo de vida, por así decirlo. Creo que los cambios, dado lo antes dicho, se están generando, son muy incipientes aún, pero de que han comenzado, es algo que ya no se puede negar, dependerá de cada quien, hacer lo necesario para ser parte activamente de ellos.

Anuncios